Thursday, April 28, 2011

El pensamiento de mala calidad cuesta tanto en dinero y como en calidad de vida





«¿Por qué pensamiento crítico?

El problema:

Todo el mundo piensa; es parte de nuestra naturaleza. Pero, mucho de nuestro pensar, por sí solo, es arbitrario, distorsionado, parcializado, desinformado o prejuiciado. Sin embargo, nuestra calidad de vida y de lo que producimos, hacemos o construimos depende, precisamente, de la calidad de nuestro pensamiento. El pensamiento de mala calidad cuesta tanto en dinero como en calidad de vida. La excelencia en el pensamiento, sin embargo, debe ejercitarse de forma sistemática.

Una definición:

El pensamiento crítico es ese modo de pensar —sobre cualquier tema, contenido o problema— en el cual el pensante mejora la calidad de su pensamiento al apoderarse de las estructuras inherentes del acto de pensar y al someterlas a estándares intelectuales.

El resultado:

Un pensador crítico y ejercitado:

- Formula problemas y preguntas vitales, con claridad y precisión.
- Acumula y evalúa información relevante y usa ideas abstractas para interpretar esa información efectivamente.
- Llega a conclusiones y soluciones, probándolas con criterios y estándares relevantes.
- Piensa con una mente abierta dentro de los sistemas alternos de pensamiento; reconoce y evalúa, según es necesario, los supuestos, implicaciones y consecuencias prácticas y
- Al idear soluciones a problemas complejos, se comunica efectivamente.

En resumen, el pensamiento crítico es auto-dirigido, auto-disciplinado, autoregulado y auto-corregido. Supone someterse a rigurosos estándares de excelencia y dominio consciente de su uso. Implica comunicación efectiva y habilidades de solución de problemas y un compromiso de superar el egocentrismo y socio centrismo natural del ser humano».

La Mini-Guía para el Pensamiento Crítico, Conceptos y Herramientas
[Extracto de una publicación de The Critical Thinking Community]

La Sinfónica de la Ciencia : Todos Estamos Conectados, Una Ola de Razón



"Sé que las moléculas en el cuerpo tienen su origen en los fenómenos del Cosmos. Eso me da ganas de agarrar la gente en la calle y decirles" ¿Has oído eso?"

"La belleza de un ser vivo no son los átomos que hay en ella, sino la forma en que esos átomos se unen".

"Creo que es sublime y estimulante descubrir que vivimos en un Universo que permite la evolución de las máquinas moleculares tan intrincadas y sutiles como nosotros."

"Todos estamos conectados
Unos a otros,biologicamente
A la tierra, quimicamente
Al resto del Universo, anatómicamente"

"Entre más preguntas contestamos
Mas preguntas aparecen para contestar
Entre más encuentras que hay que investigar
Mas preguntas te haces
Y esa es la belleza de la ciencia"

La Sinfónica de la Ciencia es un proyecto musical creado por músico John Boswell de Washington que se especializa en música electronica. El proyecto tiene por objeto "difundir el conocimiento científico y la filosofía a través de remezclas musicales." Boswell usa tonos de audio corregido y muestras de video de programas de televisión con los científicos y educadores populares. Los clips de audio y video se mezclan en mashups digitales y se anotan con composiciones originales de Boswell. Dos de los videos musicales de Boswell, "un amanecer glorioso" y "todos estamos conectados", apariciones en función de Carl Sagan, Richard Feynman, Neil deGrasse Tyson, Bill Nye, y Stephen Hawking. El audio y el video son muestras sacados de la televisión y programas científicos como Cosmos, El Universo, Los ojos de Nye, El Universo Elegante, y el Universo de Stephen Hawking.

Wednesday, April 27, 2011

El Miedo a la Libertad: Erich Fromm



En su libro "El Miedo a la Libertad," Erich Fromm describe el crecimiento de la libertad humana y la auto-conciencia de la Edad Media hasta los tiempos modernos, pero con un resultado problemático. El hombre moderno, liberado de las ataduras pre-individualistas de la servidumbre y cosmologías gastadas pueden hacer del humano un ser aislando, ansioso y solitario. Para escapar de esa condición desagradable es fácil entrar en nuevas dependencias y girar a los estados autoritarios y las instituciones que proveen un sentido, identidad, y seguridad emocional como las religiones y otros grupos manipuladores de masas. En 1941, Fromm propuso claramente que el nazismo jugó ese papel con resultados horribles en la Segunda Guerra Mundial y sus secuelas. La alternativa a la extrema dependencia y el sometimiento a la autoridad, dice Fromm, es avanzar hacia una libertad positiva basada en la independencia y la individualidad de las personas que trabajan en conjunto por el bien de la humanidad. El reto de disfrutar y sacar provecho de la diversidad entre las personas y estilos de vida es un desafío que siempre está presente, ya que el miedo a la libertad y el miedo a ser rechazados por quienes piensan diferente son una barrera dificil de derribar.

El Derecho de Soñar: Eduardo Galeano

No la Dejes Ir: Walt Whitman


No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas...


Walt Whitman

10 Razones por las cuáles no creo en dioses

1. Porque dejé de pensar como niña obediente y descubrí que no necesitaba de ningún dios para absolutamente nada, y porque me cansé de fingir ser lo que nunca fuí. Porque llegó un momento que me asqueó estar sentada en una iglesia por costumbre y manipulación de mis progenietores.

2. Porque la razón y el sentido común me hicieron comprender que la existencia de cualquier dios es ilógica e infantil, y que los seres humanos crearon a los dioses conforme a sus necesidades y conveniencias.

3. Porque no existe evidencia alguna de la existencia de seres sobrenaturales tales como hadas, unicornios, duendes, dioses, snorkers, ángeles, demonios, espíritus del más allá, auras, trineos que vuelan, etc.

4. Porque gracias a la ciencia básica ya no necesito la idea de un dios para justificar mi existencia ni la del universo, y no me hace sentido racionalmente la idea de un creador, ya que cualquier evento que existiese antes del primer segundo del Universo habria que tener causa y éstas son infinitas.

5. Porque tengo una perspectiva evolucionista y naturalista del Universo, y todo lo sobrenatural queda reducido a ficción, superstición, ignorancia y borreguismo.

6. Porque soy más fuerte que otros al aceptar que no hay vida después de la muerte y que existencialmente hablando no soy especial con respecto a otros animales, ya que estoy condenada a morir, y acepto que ese será el final de toda mi existencia. Lo cual no me parece mal, despues de todo existir por siempre seria una prisión insoportable y la vida no seria igual de valiosa. Sé que los átomos que ahora forman mi cuerpo serán reciclados y mi consciencia desaparecerá con la muerte cerebral.

7. Porque no tengo la necesidad de un ser imaginario a quien rendirle cuentas de mis actos para que me perdone. Por lo contrario, soy capaz de decidir por mi lo que es correcto e incorrecto para mi, acepto la responsabilidad de auto regirme por una ética legítima, y no porque un ser externo así lo demanda.

8. Porque aunque me enseñaron una religión desde niña, y crecí en un ambiente bastante fanático, tuve el coraje de cuestionar esas ideas absurdas y enfrentarme a mi misma y a los prejuicios de mi familia, amigos y demás gente que trató de sobornarme con amenazas ridículas.

9. Porque no puedo aceptar como cierto algo por muy confortante que suene sin cuestionarlo y relacionarlo con todo lo que he visto, oído y aprendido de la historia de nuestra especie.

10. Porque comprendí que la idea de un ser supremo es una carnada para manipular masas, y que a lo largo de la historia ha servido para beneficio de los líderes religiosos y políticos de cualquier punto geográfico y de cualquier época.

Un Nuevo Concepto de Egoísmo: El Egoísmo Constructivo

Generalmente cuando decimos egoísmo, nos referimos a un exceso de amor propio. Sin embargo, yo pienso que mi egoísmo es el motor de todas mis acciones, ya sean malas o buenas, incluso las más altruistas.

Tener la valentía de romper los grilletes de una serie de conceptos que van en contra de nuestro ego y de nuestra identidad, es lo que llamo el valor de ser uno mismo, y éste egoísmo sano y racional es la llave para conseguir la paz con nuestro ego, sin la cual es muy difícil, por no decir imposible, tener buenas relaciones con los demás.

El Dr. David Seabury, en su libro, The Art of Selfishness, dice que muchas personas no son ellas mismas porque malentienden el egoísmo, y son manipuladas por otras personas que logran lo que se proponen simplemente mediante el chantaje de acusarlos de ser egoístas. En muchos de los casos estas personas no-egoístas terminan accediendo a las imposiciones de otras personas con tal de demostrarles que no son egoístas.

Algunos hemos sido entrenados para que nos sintamos culpables cuando no aceptamos la petición de alguien, desde rechazar un plato de comida que nos apetece, qué carrera estudiar en la universidad; hasta decidir el número de hijos que alguien debe tener, a que edad, y con quién. Cuando en realidad las personas que se aprovechan de usted son los verdaderos egoístas.

Algunos fanáticos religiosos, por ejemplo, le dirán que usted debe soportar las cargas y presiones que otras personas le imponen porque así lo quiere su dios, y usan sus supersticiones y tabúes para hacerle sentir poco humilde, sólo por querer decidir por usted mismo. El problema mayor es que las supersticiones muchas veces impiden que solucionemos nuestros problemas adecuadamente. Hay gente que todavía sigue pensando que las transfusiones de sangre son desagradables a su dios, e incluso prefieren morir con tal de no desobedecer las reglas de su religión. Existen muchas familias victimas de abuso doméstico que no ponen un alto a este problema por tal de cumplir con los estándares que exige la sociedad y las religiónes. Y es el sentimentalismo hacia estas personas que hace que usted ceda a la presión que hacen sobre su vida.

Un paso indispensable que hay que tomar para deshacerse de esa sumisión opresiva, es quitarse la idiotez santificada que a menudo llamamos nuestros valores morales, y me refiero a aquellos principios que van en contra de nuestra naturaleza. De la misma manera que hemos renunciado a los mitos de que la tierra era plana, y ya no creemos que haya un infierno debajo de Wall Street, así debemos renunciar al mundo supersticioso, lleno de temores y complejos de conducta que cargamos sólo por seguir agradando a los demás. Antes se creía que el ser humano tenía una naturaleza mala y que por lo tanto éste debía ser reprimido. Esos mitos ya son cosa del pasado. La verdadera moral de ser humano es una cualidad que compartimos con los demás primates y otras especies animales que muestran instintos sociales.

El Dr. de Waal, quien es el director de la Living Links Center de la Universidad de Emory, sostiene que todos los animales sociales han tenido que limitar o modificar su comportamiento en distintas formas para que la vida del grupo valga la pena. Esas limitaciones, evidentes en monos y más aún en los chimpancés, son parte de la herencia humana, también, y en su opinión, forman el conjunto de comportamientos a partir de los cuales la moralidad humana se ha conformado. Esto quiere decir que no se necesita de religión para tener ética, ya que la moral es una cualidad humana que caracteriza no solo a los religiosos, sino también a los no religiosos y hasta otras especies sin dioses. Y que además, cuando la moralidad es verdadera, ésta está en armonía con nuestros instintos naturales.

El Dr. Seabury enfatiza dos principios que son los necesarios para equilibrar nuestro egoísmo. El primero lo llama Ley Básica del Ser, y el segundo la Formula de las Relaciones Humanas, dado que estar contentos con nosotros mismos y en paz con nuestros semejantes son dos axiomas importantes en la vida.

La Ley Básica del Ser, se puede resumir en lo siguiente: No Transija a costa de sus principios, en otras palabras, no sacrifique su integridad por muy apremiante que sean las situaciones. Póngase a pensar como opera la naturaleza y obedézcala, por su bien. Olvídese de supersticiones y mitos que le impiden resolver sus problemas, piense mejor en las leyes cósmicas que lo rigen. No busque lo que le conviene a los demás por encima de sus intereses, ni lo que tiene que decir una u otra religión sobre sus decisiones. A la hora de tomar decisiones, lo que le debe importar es cuánto le afectan a usted. Su deber primordial es hacia usted mismo.

Sea objetivo. No permita que las opciones y problemas de los demás le hagan perder el éxito de sus relaciones con su familia, amigos, y demás personas con que usted interacciona. Cuando usted convive con otras personas, tenga en cuenta que a su ego no le gusta doblegarse al orgullo de otra persona, ni viceversa. Es necesario adaptarse a las necesidades de las situaciones y no insistir en que su compañero sea subordinado a su voluntad (Formula de las Relaciones Humanas.)

El arte del egoísmo consiste en que usted aprenda a cuidar de sus necesidades, y a no permitir que otras personas lo hagan por usted. No olvide que el auto sacrificio hace daño y lo llevará al fracaso, y que usted tiene derecho a cambiar de parecer, ya sea que le guste o no a otras personas. Aprenda a decir "no", "basta","lo siento, pero no." Cuestione sus actitudes ante las críticas de los demás. No de dé por aludido de primas a primeras, ni acepte normas que van en contra de su integridad. Pregúntese, ¿Es pecaminoso que usted se proteja cuando es atacado? ¿Es saludable para su ego poner siempre la otra mejia? No estoy diciendo que usted deba pelear como lo hacen las bestias para sobrevivir, lo que quiero ilustrarle es que pocas veces necesitará pelear, si usa la inteligencia a su favor.

Vea el mundo, como lo que es, un mundo incivilizado, lleno de costumbres, mitos y prejuicios santificados donde usted debe aprender a sobrevivir exitosamente. Suelte un poco su ego constructivo, y deje que éste decida sus propias responsabilidades, seleccione sus amigos, sea el dueño de su tiempo y mida sus propias normas.

Sunday, April 24, 2011

¿Necesito disculparme por ser atea?

por Glenys Álvarez
13 de julio de 2009

Sin Dioses — La lupa herética — Columna del 13 de julio de 2009

Como atea, siempre he sentido que camino en cuclillas, sobre la preocupación de lo que pueda despertar este hecho en mi interlocutor. Igual que el homosexual en el ejército, recurro al silencio para nadar mejor dentro de la intolerancia disfrazada de ofensa, donde los dardos lanzados no pasarían la prueba frente al propio lanzador.

Entre mis pasos existe siempre una disculpa por no creer e inagotables razones se quedan en pensamientos mientras permito, respetuosamente, que los demás hablen libremente sobre sus dioses y doctrinas.

Y es que descartar la religión en un mundo esencialmente creyente no es poca cosa; hay que estar bien preparado para justificar la “herejía” frente a todos, hasta los más cercanos. Es allí donde inicia su camino la intolerancia y yo, en mi condición de mujer nacida y criada en el tercer mundo, he desarrollado un buen radar para detectar discriminaciones.

Los que me conocen saben que disfruto de la ciencia, el periodismo científico no es sólo mi trabajo sino también mi pasión, me angustio ante noticias sensacionalistas (al estilo Muy Interesante) que echan por el suelo el elegante trabajo que realizan los investigadores. Como afirmó elocuentemente Richard Dawkins (sí, él otra vez) durante el documental “Enemigos de la razón”: “la ciencia es la poesía de la realidad”; es precisamente por comentarios así que lo cito tanto.

Que los humanos hayamos desarrollado herramientas para conocernos como especie y al mundo que habitamos, es lo que me impulsa a escribir columnas como éstas. No obstante, la investigación científica es un imán para los aclamadores de dioses. Inevitablemente, si es usted un seguidor fiel de escrituras sagradas, es posible que no esté de acuerdo con gran parte del desarrollo científico. Creo que esas personas que toman sus escritos divinos con fidelidad fundamentalista deberían de optar por vivir estilos de vida mucho más radicales y apartarse, no sólo de lo que supuestamente es pecado (algo imposible para cierta mayoría), sino también de todo el desarrollo científico cuyas conjeturas contradigan las explicaciones en sus libros: desde el uso de los fotones que se desprenden de cada bombillo en su hogar hasta las vacunas que salvan la vida de millones y cuyas gotas dejamos correr por la garganta de nuestros hijos.


Pero es curioso como las personas adecúan sus pensamientos por más contradictorios que éstos sean (¿recuerdan el hemisferio intérprete?). El conjunto de esos avances científicos integrados a la vida moderna (casi todo, realmente), es aceptado, asimilado y utilizado sin reparar en el conocimiento que lo hace posible. Es plausible aceptar la terapia genética sin relacionar que esos mismos discernimientos sobre la molécula del ADN que la admiten, están vinculados al proceso de la evolución y que compartimos porcentajes variados de ella con los demás animales. Estas implicaciones, sin embargo, pueden ser pasadas por alto, objetadas y rechazadas por las mismas personas que aceptarán la terapia para salvar sus vidas.

Y ni hablar de cuando un científico mete la pata. No sólo se convierte en el microbio que pudre las demás manzanas en el canasto, sino que se intenta desmentir todo lo demás. Precisamente por ello, la ciencia misma se mide con un sinnúmero de autorestricciones; si no fuera así no hubiese forma alguna de diferenciar lo que tiene validez científica de lo que no la tiene. Por ejemplo, si emito una opinión basada en experimentos, la gente pregunta enseguida ¿cómo saben eso?, ¿cómo lo descubrieron?, ¿y qué pruebas tienen? Necesariamente, los investigadores están obligados a realizar experimentos a “doble-ciego”, introducir el efecto placebo en sus resultados y luego enviarlo a un consorcio de colegas elegido por otros investigadores, para que lo revisen. Todo esto con el propósito de filtrar errores, producir evidencias confiables, desenmascarar estadísticas que vayan más allá de la pura circunstancia y desentrañar la realidad de la experiencia puramente subjetiva. Aún así se cometen errores.

Ahora bien, las creencias religiosas no pueden ser sujetas a observaciones bajo ese mismo microscopio detallista que usamos para la ciencia; al final de las observaciones, únicamente encontraríamos respuestas basadas en la fe, en la experiencia subjetiva de los que creen, todo lo demás se cae bajo la lupa científica. Los escritos en los libros sagrados contradicen la explicación que poseemos hasta el momento sobre el Universo y la evolución de la vida sobre la Tierra. Estará en cada creyente encontrar su forma de enmendar estas contradicciones. En este sentido, mucha gente estructura rutas paralelas entre sus creencias y la ciencia.

Muy bien, digo yo, perfecto.


Pero la religión, por naturaleza, es impositiva y predicativa. Un sinnúmero de religiosos desea interceptar los caminos, convertir, no sólo a los ateos, agnósticos y demás ovejas descarriadas, sino también a los creyentes de otras religiones (aquí en mi país, testigos de Jehová, evangélicos y mormones han desarrollado una acelerada y extendida estrategia de reclutamiento), para atraerlos hacia una nueva verdad con interpretaciones recientes del mismo viejo versículo y que se den cuenta que han estado venerando a su dios de la forma equivocada.

El otro día, a raíz de la muerte de Michael Jackson, alguien en la oficina expresó que el espíritu de la celebridad ahora estaba en un proceso complejo hacia cierto estado que, según pude interpretar, se asemeja a esas nuevas ideas que tienen los creyentes liberales sobre el cielo.

Pregunté, esta vez en voz alta, ¿y cómo es que sabes eso?

Pero la respuesta a esa pregunta cambia de acuerdo con el libro que adores, la cultura que te haya acogido, los padres que te hayan criado, los caminos distintos que hayan tomado tus neuronas y hasta tu edad. De hecho, he escuchado y leído tantas versiones sobre lo que pasa después de la muerte que responder: “la verdad es que no sé, aunque deduzco que nada”, me regala una apacible satisfacción que sólo yo disfruto.

Hay una infinidad de cosas que desconozco, no por ello voy a darle la explicación que más me satisfaga, tampoco se me ocurre la más extraordinaria y difícil de explicar, prefiero esperar a que lo resolvamos con las herramientas que hasta el momento poseemos. ¿Qué hay de malo en eso?


En las últimas semanas, he leído las críticas de varios teólogos hacia el Nuevo Ateísmo (y los nuevos ateos), ese que discute sin miedo en vez de pedir disculpas por no creer. El ateo que aboga por un mundo donde la religión se mantenga en los lugares más apropiados: los hogares creyentes, las iglesias y los templos; fuera del gobierno, de las leyes y de la educación pública. Es un paso enorme frente a mi forma apologética de no creer y no puedo negar que me gusta. A todos nos gusta descubrir grupos que hablen nuestro idioma y nos dejen ser, sin disculpas ni justificaciones: si yo respeto, ¿por qué no exigirlo también?


Pero en el mundo de los humanos las cosas nunca son tan simples. La religión organizada tiene poder, poder para interferir en las leyes e imponer sus pensamientos sobre mi vida y mis decisiones. La religión predica y exige una moral que ni siquiera sus propios miembros pueden seguir y, obstaculiza, con historias absurdas sobre el mundo, lo que hemos logrado descubrir hasta el momento. Que mi vecino le enseñe a su hijo que el mundo fue creado en seis días y uno fue usado para descansar (o cualquiera que sea su versión), no es, en mi opinión, mi problema, el conflicto para mí inicia cuando esa misma opinión es expresada por la profesora del mío en el colegio.

Hagamos una pequeña prueba. Imagine que, así como ha pasado tantas veces y continúa ocurriendo, una tribu de habilidades superiores invada su ciudad, domine a los gobernantes e imponga rituales distintos, dioses con nombres diferentes y nuevas normas. Que obliguen a todos a rezar oraciones nuevas y enseñen en las escuelas otras verdades escritas en el extraño libro. En un predicamento similar vivimos millones de personas, desde ateos y agnósticos hasta cristianos y musulmanes de distintas denominaciones y en diferentes partes del mundo, ultrajados por no pertenecer a la religión dominante. Si alguna Iglesia (en mi país es todavía la católica) es hermana del Estado, todo el que no pertenezca no puede sentirse gobernado justamente. Si aceptamos la libertad de expresión, no podemos, por lo tanto, permitir que las leyes se basen en interpretaciones específicas de un culto sobre un único libro.

Como ponderaba un amigo una de estas tardes calurosas cuando el anhelo por más libertades y un asomo de justicia le arrebató un suspiro, “sólo un religioso podría enorgullecerse de ‘ser hombre de un solo libro’”.

¿Orgullo ateo?
Ni satánicos ni esnobs

En la actualidad, si usted se identifica como ateo, olvídese de entrar en el mundo de la política latinoamericana y es probable que se sienta empujado a no visitar otros círculos también. Entre muchos, el ateo ofende por su mera presencia; no creer es, o parte de un plan satánico contra dios o simple y sencillamente un gesto de muy mala educación hacia los demás, como si la opción misma debiese ser abolida.

Nunca he partido de la premisa de que el creyente es menos inteligente ni perspicaz tampoco pienso que sea más bondadoso ni tolerante, esas cosas se evalúan individualmente; no suelo deliberar que aquel que cree en seres sobrenaturales es necesariamente crédulo en todo lo demás, somos animales muy complejos para ser medidos y definidos por una sola faceta de nuestras vidas. Justamente, es esa forma de evaluación la que espero de los creyentes al conocer mi condición de atea. Tolerancia, respeto, empatía…libertad.


Mientras tanto, a la hora de gobernar, impartir justicia y crear leyes, dejemos las creencias fuera del salón de discusión y entremos a examinar la realidad de forma objetiva con las herramientas que poseemos, a las que hemos confiado el desarrollo del mundo moderno (la gran mayoría de mis amigos creyentes, a los que admiro, está de acuerdo en este punto). En las palabras del biólogo de la Universidad de Minnesotta, PZ Myers (http://scienceblogs.com/pharyngula), la “ciencia es una actividad sublimemente humana y una parte central de lo mejor de la cultura de Occidente…y de cualquier cultura terrestre que aspire a ser más que una colección de criadores humanos, propagándose por el sólo hecho de propagarse. Es lo que nos da el potencial para alcanzar más allá de sólo ser, nos provee con el tiempo de ocio y la libertad para florecer en las artes y explorar la diversidad de la experiencia humana. Hasta la misma religión institucionalizada es un subproducto accidental de los primeros tipos listos que decidieron desviar un río para irrigar sus campos, lo que nos llevó a la centralización, urbanización, jerarquías de líderes, contabilidad, escritura y toda la avalancha de cambio que prosiguió"…

Me gusta que el ateísmo sea más vocal; no somos criminales satánicos ni esnobs; no vivimos amargados ni deprimidos. Es hora de arrancarle ese estigma al ateísmo y, sin prédicas, disculpas ni complejos de superioridad, enorgullecernos de nuestras conclusiones, estilos de vida y, principalmente, de nuestro fundamental sentido de la ética.